La neonatología: una subespecialidad apasionante

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PERSPECTIVA

LA NEONATOLOGÍA: UNA SUBESPECIALIDAD APASIONANTE

NEONATOLOGY: A SUBSPECIALTY EXCITING

Dr. Augusto A. Álvarez Toledo1; Dra. María A. Álvarez 2 Sempértegui

1 Especialista en Pediatría y Neonatología
2. Especialista en Neonatología

La neonatología es una rama de la pediatría, dedicada al estudio del recién nacido sano o enfermo. Esta especialidad es relativamente nueva, pues su aparición y desarrollo espectaculares ocurren en la segunda mitad del siglo anterior; sin embargo, existen referencias de sus inicios en el siglo I d. C. En ese tiempo, Soranus de Efeso, una vez terminados sus estudios de medicina en Alejandría, ejerce con éxito sus actividades profesionales dedicándose especialmente al binomio madre-niño. Producto de su hacer es su tratado            (Ginecología) donde dedica un capítulo al parto y a los cuidados del recién nacido, en cuanto a limpieza y reanimación, que se practican hasta el momento actual en esa obra menciona que algunos bebés nacidos en 7 meses de gestación podrían sobrevivir.

 

Los siglos pasaron y la literatura médica solamente informa sobre el temor al parto, que es de gran riesgo para las madres. Existen publicaciones puntuales sobre patología neonatal, inclusive se llega a describir a los prematuros como “mitad humanos, mitad bestias”.

Sería faltar a la justicia, si se habla de la neonatología y no se menciona al Convento Port Royal, cercano al Jardín de Luxemburgo en el París de 1625, que fue transformado en prisión durante la Revolución francesa. La prisión fue convertida en maternidad en 1814 y su remodelación se terminó en 1818; se dedicó especialmente a la atención del postparto. Este centro demostró evidencia consistente de disminución de mortalidad neonatal e infantil con los cuidados adecuados que prestaba.

La importancia del ambiente cálido para el neonato, y sobre todo para el prematuro, fue documentada en Francia hacia los inicios de 1800. La primera incubadora se desarrolló hacia 1835 en San Petersburgo, el primer reporte teórico de su uso en el cuidado del prematuro fue realizado por Denauce en 1857.

Más tarde, el doctor Franz Credé, en 1864, usó cunas de doble pared, con circulación de agua entre ella. A finales del siglo XIX el médico obstetra Sthepané Tarnier, quien era jefe de Obstetricia de la Universidad de París, se desarrolló la primera incubadora usada en be- bés humanos. Esta incubadora tenía la ventaja de cerrarse, y fue elabo- rada en la principal maternidad de París.

En 1888, Pierre Budín (discípulo de Tarnier), escribió un artículo en el que describía su experiencia en el cuidado de prematuros en el hospital de París. En 1900 publicó su libro La Nourisson, al mismo tiempo, en Londres, en la revista Lancet, apareció su artículo “El uso de la incu- badora para niños” donde revisa la historia de su invento y describe la muerte de 2534 niños por omitir su uso. Es el punto de partida para la fabricación de incubadoras como una actividad obligatoria, requerida para la aten- ción de recién nacidos.

Las primeras observaciones en neonatología fueron rea- lizadas por médicos obstetras y se considera a Pierre Bu- dín como el padre de la neonatología.

De igual forma, en los Estados Unidos, se desarrollan al- gunas actividades tendientes al cuidado de los recién nacidos. La enfermedad hemorrágica del recién nacido fue descrita por Towsend en 1894.

Posteriormente, en 1914, el doctor Julios H. Hess en Chi- cago inició los cuidados para recién nacidos prematuros en el Hospital Michael Reese, y publica su libro Premature

re and congenital diseases en 1922; allí describe al pre- maturo como “un recién nacido que nace antes del tiem- po normal del embarazo”, además de reconocer la vital importancia del cuidado de enfermería y el transporte oportuno de prematuros a centros especializados. Hess es quien promueve iniciativas, como la optimización de la regulación térmica, administración de oxígeno y me- joras sustanciales a las incubadoras usadas en esos días.

En 1924, Albrecht Peiper se interesó por la maduración neurofisiológica de los recien nacidos. Durante estos años, los cuidados principales de los neonatos estribaban en proporcionarles calor, alimentación y aislamiento.

Luego, en la década de 1940 a 1950, se realizaron exito- sas exanguinotransfusiones en el manejo de la eritroblastosis fetal y se iniciaron concesos para la unificación de criterios para el manejo de los prematuros;también se empezaron a comercializar las incubadoras para esta- bilización térmica. En 1950 se inicia el gran crecimiento de la neonatología en Inglaterra y surge un gran interés por la ventilación positiva en el síndrome de dificultad respiratoria.

En el mismo año se introduce el uso de antibióticos en el área neonatal y, en 1953, la doctora Virgina Apgar, especialista en Anestesiología, estu- dió, desarrolló y publicó la primera escala de evaluación de la vitalidad de los recién nacidos, denominada

. Esta valoración se la realiza a todos los neonatos inmediatamente

después del parto: al primer minuto y a los 5 minutos; pueden ser necesarias evaluaciones posteriores. Esta prueba (escala) evalúa, puntuando de cero a dos; cinco parámetros objetivos de los recién nacidos: frecuencia cardiaca, esfuerzo respiratorio, presencia de reflejos, tono muscular y color, siendo 10 la puntuación óptima.

Más adelante, Ethel Dunham,  en 1957, publicó la obra de su autoría El prematuro. En 1959, Avery y Mead asocian la enfermedad de embrana hialina al déficit de surfactante. En 1960 se desarrollan los primeros ventiladores. El doctor Alexander Schaffer usa el término “neonatolo- gía” en su obra Enfermedades del recién nacido; el ma- nejo de los recién nacidos se optimiza porque se acepta que requieren especiales cuidados.

La noticia de la muerte de Patrick Kennedy Bouvier, nacido el 7 de agosto de 1963 por cesárea de urgenica a las 34 semanas y afectado por enfermeda demembrana hialina (EMH), conmovió al mundo y a la ciencia médica. Se conoció entonces que 25000 niños prematuros nacían en los Estados Unidos y la mitad de estos morían, inclui- do el hijo del presidente John F Kennedy. Fue el momento en que se replantearon paradigmas científicos, protocolos de manejo y tratamientos disponibles. Se asignaron medios económicos públicos y privados para la investigación y pronto se dieron resultados importantes: Nuevos métodos de oxigenación, desarrollo de equipos, portátiles de rayos X, gasómetros.

En 1967, el Colegio Americano de Ginecología y Obstetricia reconoció la necesidad de la estrecha relación entre el obstetra y el neonatólogo para disminuir la mortalidad perinatal, iniciándose en 1973, en los Estados Unidos, los servicios de cuidados perinatales.

Esa década es extraordinariamente importante por los aportes de la cirugía neonatal e inclusive intrauterina, pues se empieza a utilizar la alimentación por sonda na- sogástrica y la alimentación parenteral. Además, apare- cieron sucesivamente la ecografía, la tomografía axial computarizada, la resonancia magnética, el uso de oxí- metros y oxigenación extracorpórea.

El Colegio Americano de Ginecología y Obstetricia, en 1976, propicia la estrategia de atención conjunta de obstetras y neonatólogos; la cual determina un nota- ble descenso de la morbilidad y mortalidad perinatal. En España se desarrollan al mismo tiempo las subespe- cialidades pediátricas, puesto que hasta ese momento los pediatras atendían a los niños; pero, cuando estos requerían hospitalización, era indispensable la colabo- ración de los especialistas de los hospitales.

Las últimas décadas han sido sorprendentes en el conocimiento de la fisología de los niños y de los recién nacidos, la fisiopatología de sus afecciones, y un desarrollo impresionante de los métodos de diagnóstico y tratamiento neonatales.

Desde 1970, la práctica neonatal experimienta un desarrollo extraordinario, mas refinamiento y uniformidad en  sus manejos, especialmente nutrición neonatal, alimen- tación por sonda y alimentación parenteral. Se insiste en el cuidado especial de enfermería, en los cuidados de asepsia y antisepsia y el lavado de manos para la prevención de infecciones intrahospitalarias.

Es importante destacar que, en 1980, Fugiwara comunica la primera experiencia exitosa en el uso del surfactante exógeno en el síndrome de dificultad respitatoria, asi mismo, son valiosas las contribuciones de  Volpe con la fisiopatología y clasificación de la hemorragia intracraneana y convulsiones neonatales y la de Sarnat con su estudio de la fisiopatología de la encefalopatía isquémica.

LA NEONATOLOGÍA EN EL ECUADOR

La neonatología es una especialidad que inició su incursión en el mundo moderno, gracias a la iniciativa del Doctor Alexander Schaffer, a finales de la década de los cincuenta e inicios de la década de los sesenta; quien preconizó la idea de formar grupos humanos con profundos co- nocimientos: de la vida en la etapa intrauterina, las implicaciones en la salud de la unidad madre-hijo, del trabajo de parto y del parto mismo, de la importancia de un manejo oportuno, de la transición a la vida extrauterina y de los problemas con capacidad de provocar daños permanentes en el cerebro y demás órganos de un ser humano con derecho a nacer intacto para continuar su crecimiento y desarrollo.

Lo antes mencionado es información reciente y muy im- portante como preámbulo a la presencia de la neonato- logía en el Ecuador.

 
   

Así, la historia refiere que la Maternidad de Quito inicia sus actividades en el año de 1899, no se conocen datos sobre la implementación con que contaba para atender neonatos, los que, como en todas partes, eran atendi- dos y cuidados por comadronas y médicos obstetras. En 1901, el Gobierno de Eloy Alfaro beca al doctor Julio Vásconez, quien, en New York, se forma como pediatra. La beca lo condiciona para que retorne al país, ofrezca su atención a los niños y enseñe en la Facultad de Me- dicina de Quito, en la cual, luego de seis años, se logró incorporar la cátedra de Pediatría en su pénsum. En el año 1909, luego de cuatro años de estudios en Alema- nia, regresa el ilustre lojano doctor Isidro Ayora Cueva; es nombrado director de la Maternidad de Quito, que entonces funcionaba en la Quinta San Vicente de Paúl, de las Hermanas de la Caridad, pues la Maternidad que funcionaba en una casa ubicada en Loma Chica se es- taba remodelando. Un dato llamativo, muy importante por cierto, es la fundación de la Gota de Leche, con la participación de los doctores Gabriel Araujo Miranda, Isi- dro Ayora Cueva,Ricardo Villavicencio, Aurelio Mosquera Narváez y de un grupo de damas de la sociedad quiteña.

En el Gobierno del señor Galo Plaza Lasso, el Ministerio de Previsión Social y Trabajo, el Servicio Cooperativo In- teramericano de Salud Pública y la Junta de Asistencia Social planificaron la creación de la nueva Maternidad  para Quito, con infraestructura y dotación acordes con los adelantos de la época. Su capacidad fue de 100 ca- mas para una población de 200.000 habitantes. La gestión sabia y prolifica del doctor Isidro Ayora Cueva es reconocida en el año 1951, cuando el 28 de marzo, con la presencia del
presidente Galo Plaza y sus ministros,
se inaugura la Maternidad que lleva su nombre. El 25 de mayo del mismo año inició
su funcionamiento.

La Maternidad Isidro Ayora se convierte en la cuna de la neonatología ecuatoriana, cuando con la presencia de los doctores Nicolás Espinosa Román, Gualberto Arias, Fabián Vásconez y Carlos Naranjo inicia su funciona- miento la Sala 205, en la cual se aplican criterios científicos, organizativos y administrativos que determinan cuidados de alta calidad para neonatos enfermos y gra- ves. Su accionar dio espacio a profesionales que, luego de recibir su formación en sus instalaciones, fueron a replicar sus conocimientos en otras instituciones de la ciudad y otrasprovincias.

La presencia de nuevos profesionales comprometidos con el trabajo ético, responsable y con notables conocimientos científicos, continuó la labor de la maternidad como ejemplo de atención materno-neonatal; aquí se debe mencionar a los doctores Efraín Centeno Mosquera, Víctor Hugo Espín Mayorga, Aníbal Arias Beltrán, Lourdes Estrella Arias, Jorge Pizarro Álvarez y Lenin León Cama- cho. En 1968, “Morbilidad intrahospitalaria”, estudio in- vestigativo pionero del grupo, ganó el premio a la mejor Investigación científica en el concurso convocado por Laboratorios Life.

 

La utilización racional de antibioticoterapia y la defensa de la lactancia materna fueron la prioridad, y procedi- mientos como la fototerapia y la exanguinotransfusión se estrenaron en la Maternidad Isidro Ayora.

En 1979, bajo la dirección del Dr. Nicolás Espinoza Román, se inicia en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Central del Ecuador, el primer Postgrado de Pediatría, hito histórico en la formación de espe- cialistas en el cuidado de los niños del Ecuador. Son los especialistas formados en este postgrado, quienes inician en la mayoría de las provincias una etapa funda- mental en el desarrollo de la pediatría y la neonatología.

Hasta 1979, no se disponia de servicios neonatales, y se trabajaba hasta el nivel de cuidados in- termedios con éxito, la mortalidad neonatal rondaba la cifra de 16 por mil en las mejores unidades del país, se practicaba la amniocentesis, especialmente en los embarazos prolongados para identificar la madurez tetal y la presencia o ausencia de sufrimiento fetal, y con este procedimiento fortalecer el criterio para decidir la vía más adecuada para que el nacimiento de las criaturas.

En 1980, en la ciudad de Quito, se establece la primera Unidad de Cuidado Intensivo Neonatal en el Hospital Carlos Andrade Marín del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, bajo la dirección y coordi- nación del Dr. Gabriel Ordóñez Nie- to, quien, conjuntamente con los doctores Edison Altamirano, Olga Guayasamín, Haideé Gallegos de Salvador, Daniel Ga- llegos, Susana Escobar y Ana María Cabrera, conforma- ron el equipo multidisciplinario, encargado de iniciar el cuidado intensivo neonatal. De nítida importancia es la participación del doctor Rodrigo Bossano Rivadeneira en el diagnóstico (ecocardiografía) y manejo de problemas cardiológicos y del doctor Edwin Ocaña en la solución de patologías quirúrgicas de los recién nacidos.

Vale la pena anotar que dicho equipo protagonizó hi- tos importantes en la neonatología dentro del Ecuador, como, por ejemplo, la protocolización de la intubación endotraqueal, cateterismo umbilical, la implementa- ción de los sistemas de registros y vigilancia, el inicio de la ventilación mecánica, la utilización de surfactante (exosurf) por primera vez en abril de 1991. Igualmen- te, adoptaron dos decisiones históricas, adelantadas a su uso generalizado: la suspensión del uso rutinario del bicarbonato de sodio en la ventilación mecánica y en la reanimación cardiopulmonar y la alimentación precoz de neonatos sometidos a ventilación mecánica.

Por otra parte, la participación en el Estudio Colabo- rativo Latinoamericano de Malformaciones Congénitas (ECLAMC), iniciado por el doctor Daniel Gallegos y continuado por el doctor Germán Montalvo, la imple- mentación del tamizaje neonatal con colaboración d e la Universidad de Hamburgo y la creación de la Sala de Crecimiento y Participación de Madres, bajo la responsa- bilidad de la licenciada Susana Jiménez, son actividades complementarias que dieron a la Unidad de Cuidados In- tensivos del Hospital Carlos Andrade Marín enorme pres- tigio a nivel nacional e internacional.

En la ciudad de Guayaquil, la historia de la atención médica tiene muchísimos datos relevantes, sobresalen los siguientes: la Ilustre Municipalidad, presidida por    el doctor Francisco Campos Coello, el 29 de enero de 1888, entrega a la Junta de Beneficiencia de Guayaquil. El edificio donde funcionaría el Hospital Civil. En 1894, dicha institución ampliada y renovada disponía de un anfiteatro y una maternidad, lamentablemente más tarde esa edificación fue reducida a escombros debido a un terrible incendio el día 16 de julio del año 1902. La rehabilitación del hospital estuvo a cargo de la Junta de Beneficiencia , con el apoyo de bienes y todo con sus conocimientos del ciudadano alemán Ale- jandro Mann.

Debe mencionarse la contribución de don Alejandro Calixto Romero.

El Hospital Alejandro Mann —llamado    lántropo fue inaugurado el 31 de marzo de 1903 y dis- ponía de salas de medicina general,
cirugía, maternidad  y pediatría. El año 1924 se mantiene la maternidad la atención de niños, pero la atención general pasó al lugar donde actualmente funciona el Hospital Luis Ver- naza. Tiempo después, con la inauguración de la Mater- nidad Enrique Sotomayor, el 14 de septiembre de 1948, el Hospital Alejandro Mann pasa a ser exclusivamente pediátrico, cuenta además con un nuevo pabellón de Cardiología.

El proyecto de construcción del hospital más moderno del Ecuador, que cuente con tecnología de punta y ca- pacidad de resolución de toda patología pediátrica, se consolida y concluye el año 1999. Así, el Hospital de Niños Doctor Roberto Gilbert Elizalde, abre sus puertas el  de octubre del mismo año. Los nombres de los doctores Francisco de Ycaza Bustamante, Modesto Carbo Noboa, Enrique Hurtado y Flor Falconí Villagómez deben peren- nizarse como maestros de generaciones de médicos dedicados a la atención pediátraica comprobada y sobre todo con humanismo.

 

En la ciudad de Riobamba, la historia de la atención pe- diátrica precisa algunos datos de sumo interés, pues en agosto del año del centenario de la vida republicana se había concretado el propósito de crear una clínica para niños y un asilo para mendigos, que estarían a cargo de la Junta de Beneficiencia pública del chimborazo.

Se inaugura el primer hospital para niños del país. Gestiones del poeta Miguel Ángel León y el doctor Alfonso Villagómez, conjuntamen- te con la señora Margarita Dávalos de Treviño, alcanzan del Ilustre Consejo Cantonal la aprobación de planos y permiso de construcción.

El hospital cuenta con dos salas de internación y un pensionado, así como la infraestructura necesaria para su funcionamiento. Lleva el nombre del doctor Alfonso Villagómez Román fallecido por la peste bubónica en 1939 de la niñez y para la construcción de esta casa de salud.

 

La atención pediátrica en la ciudad de Cuenca está li- gada al Hospital San Vicente de Paúl y a los nombres de los doctores Carlos Berrezueta, Nicolás Ramírez, Artu- ro Landívar, Miguel Tenorio, Octaviano Palacios, Moisés Arteaga, Enrique Rodas, Agustín Cueva, Jorge Montalvo, Magdalena Molina y César Martínez. La atención pediá- trica y la neonatología se robustecen posteriormente con la presencia de los doctores Bolívar Quito Riera, Germán Montes Orozco (egresados de la primera y segunda pro- mociones del Postgrado de Pediatría de la Universidad Central del Ecuador) y Guillermo Arias.

Cada ciudad y cada población deben tener en sus memo- rias los nombres de galenos cuyos nombres omitirá la his- toria, pero que cumplieron con su misión, con desvelos y angustias para atender a niños y neonatos enfermos.

LA ATENCIÓN NEONATOLÓGICA EN LOJA


El Hospital San Juan de Dios inició sus actividades en el año 1790, dato obtenido de la revisión de la obra del doctor Pío Jaramillo Alvarado. El 15 de octubre de 1810, el Corregidor y Justicia Mayor de Loja Tomás Ruiz de Quevedo, reconoce la inexistencia de
los insumos
imprescindibles para su funcionamiento: camas, enfer- meras, medicamentos. Sin embargo, sufrió dos clausuras  por falta de fondos, la una en 1820; la otra en 1869. Su historia está indeleblemente unida a personajes como el Libertador Simón Bolívar y el presidente Isidro Ayo- ra, quienes, en su momento, intervinieron para que este importante centro de asistencia social supere sus malos momentos.

Indirectamente de la Jefatura de Asistencia Social, cum- plió sus funciones con un personal médico, de enferme- ría y de servicios; aparentemente acordes a la época. Las Hermanas de la Caridad cumplieron un papel funda- mental, aunque sus acciones desde 1920 hasta la década de los años setenta, en actividades de enfermería, ad- ministración, entre otras, no han sido plenamente reco- nocidas.

 

La atención neonatal se hizo de acuerdo a los conoci- mientos de entonces; el médico general y luego el obste- tra, cuidaban por igual de la madre y del recién nacido en el séptimo día les daban el laxan- te y eran enviadas a sus domicilios en las siguientes 24 horas;los tiempos en los cuales, si nacía un prematuro se lo envolvía en algodón, se lo abrigaba con bolsas de agua caliente y se lo alimentaba con gotero en la esperanza de que progrese.

 

La preocupación por los recién nacidos se hace noto- ria cuando se obtiene la donación de una incubadora, al parecer de una compañía de construcciones, a través de gestiones de las esposas de los médicos del hospital. Transcurrían entonces los años de a mediados del siglo anterior.

 

En el año 1958, la doctora Mercedes Vicenta García To- rres, graduada en la Universidad Central del Ecuador, regresa a Loja. En ese momento el Hospital San Juan de Dios tiene como su director al doctor José M. Cisne- ros Castillo; son médicos del hospital los doctores Luis G. Reyes Andrade y Alfonso Burneo Riofrío, y la doctora Mercedes García Torres es designada para el manejo de los niños que se atendían en una sala adjunta a la sala de gineco-obstetricia. Con responsabilidad, humanismo y entereza tiene que enfrentar las vicisitudes de la aten- ción pediátrica en condiciones, tales como no disponer de cunas, peor aún de incubadoras y otros implementos necesarios para esa actividad. Posteriormente, se inte- gran los doctores Manuel Reyes Rodríguez y Espartaco Rodríguez Bustamante.

 Una mención especial tiene en este momento histórico la presencia de las hermanas Julia y Margarita González Delgado, quienes con sus títulos de Obstetriz, obtenidos en la Universidad Central del Ecuador, inician sus activi- dades y concretan la creación de la Maternidad Loja, en 1960. Esta institución, luego se convierte en la Clínica Maternidad Loja, con la dirección del doctor Hugo Gui- llermo González, quien para ese entonces regresa de su formación en Buenos Aires.

 

En 1963, la familia Rodríguez Witt funda la Clínica San Agustín. Ambas instituciones adquieren, alrededor de 1965, magníficas incubadoras lo que habla a favor de la preocupación ética y humanística por brindar una aten- ción de calidad y digna a los recién nacidos. Es un hito importante en la atención de los neonatos en la ciudad y provincia, dado el aislamiento que le dio el poético pero real apelativo de “Último rincón del mundo”.

 

De lo mencionado anteriormente, se puede colegir las rras, estos al momento son verdaderas piezas de museo: una producida por E. y J. Manufacturating BURBANK, Ca- lifornia; otra por OME Corporation, East Norwalk, Con- necticut; la tercera, Modelo008 fabricada por FANEN en Sao Paulo, Brasil.

 En los años 70 es el espacio de tiempo de la consolidación del proyecto de construcción del nuevo hospital, el cual, siendo ministro de Salud, el doctor Gil Bermeo Vallejo; director provincial de Salud de Loja, el doctor Hugo Guillermo González; y, director del hospital, el doctor Humberto Castillo Franco, se inaugura el 2 de agosto del año 1979 , con el nombre del hospital regional y Docente Isidro Ayora. El nuevo hospital cuenta con el Departamento de Gíneco-Obtetricia y el Servicio de Neonatología.

 El Hospital Regional y Docente Isidro Ayora inicia sus actividades en agosto de 1979, brindando a la comunidad lojana la oportunidad de acceder a una atención de calidad científica y humanistica, muy diferentes a las que se recibía en el antiguo Hospital San Juan de Dios. Se inicia así la etapa de la vigencia de las especialidades, y son notorios,tanto el aporte de nuevos conocimientos como el ánimo positivo del personal en el tratamiento y la re- cuperación de los pacientes.

 

Al iniciar sus actividades, el hospital contaba con un pre- supuesto que le permitía brindar una atención adecuada a sus usuarios, incluyendo en esta, equipos, materiales y medicamentos.

 

Es innegable que el deterioro de las condiciones económicas y sociales en las que se debatia nuestro país influye ron negativamente sobre la calidad de la atención en todas las especialidades, y puntualmente en las áreas de Obstetricia y Neonatología. En otras palabras, el proceso económico desfavorable que afectó la economíadel país produjoun desbalance neto en el presupuesto operacio- nal y la consecuencia lógica fue el desabastecimiento crónico de insumos y medicamentos, la poca o ningu- na acción de mantenimiento, el deterioro lógico de los equipos, lo cual llevó a las unidades de salud a situacio- nes cercanas al colapso.

 

Indudablemente, las condiciones en las que se desen- volvían las actividades de nuestro hospital no eran las adecuadas; pero, en compensación,se contaba con un personal de médicos, enfermeras y de servicios con una sólida formación, personal docente y estudiantes de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional.


de Loja (Escuelas de Medicina Humana y Enfermería), tanto de pregrado como de nivel de postgrado, que le dieron con sobra de méritos la categoría de ‘hospital docente’. La categoría de ‘regional’ que tiene el hospital se consolida por la atención que oferta a pacientes de las tres provincias fronterizas: Loja, El Oro y Zamora Chinchipe.
Por otra parte, como una consecuencia de positivo benede Salud, el Hospital Regional y Docente Isidro Ayora fue designado como Cabeza de la Red de Emergencias del Sur del País, y esto permitió que se reciban pacientes del norte de la República del Perú.
En este momento histórico, cambia la denominación a Hospital General Provincial Isidro Ayora.

El Servicio de neonatología del Hospital Provincial Isidro Ayora

El Servicio de Neonatología empieza sus labores en el año 1979 y cuenta con un área física adecuada a los conocimientos de la época. Es así que se dispone al principio de incubadoras Isolette, oxímetros, implementos,equipos, medicamentos, y se empieza a utilizar la mesa de reanimación que en ese momento se encontraba en la bodega. Se construyen en ese año las primeras unidades de fototerapia que funcionan en la provincia, y se efectúan exanguinotransfusiones; además, se realizan las vi sitas y evaluación de casos graves en las noches, y sobre todo es preocupación fundamental la de promocionar a todo nivel el conocimiento prioritario de un diagnóstico oportuno de los neonatos con patología, para su tratamiento adecuado.
Es largo el camino recorrido, desde el inicio de las actividades en el Servicio de Neonatología. Se comenzó por la selección de gente para enfermería, formación de personal, instrucción permanente de médicos residentes; fue duro el hecho de vencer resistencias de médicos y de conocimientos de la tradición regional, hasta otorgarle a la atención neonatal el lugar de privilegio que ostenta al momento en el ámbito de las especialidades médicas. El uso de ventilación se ubica en 1986, gracias a un Equipo Gregory donado por el doctor Gabriel Ordóñez Nieto, en una de sus numerosas visitas para participar en los eventos de actualización en la temática de neonatología Por otra parte, las condiciones socioeconómicas que afectaron al país también determinaron momentos de crisis en el Servicio de Neonatología, sin embargo, se logró mantener un nivel adecuado en la atención de los recién nacidos mediante la autogestión. El Servicio de Neonatología siempre contó con fondos económicos productos de rifas, comidas típicas, peñas bailables, etc. Durante casi dos décadas, mantuvo una Cuenta de Pintas de Sangre en la Cruz Roja, pues se logró la colaboración de los estudiantes de medicina que rotaban por el Servicio de Neonatología, consistente en la donación de una pinta de sangre, de esta manera, los recién nacidos que requerían de sangre o sus derivados siempre tuvieron disponible ese apoyo valiosísimo.
En este punto, es importante mencionar los proyectos de ampliación y optimización del Servicio de Neonatología que se hicieron conocer a las autoridades de salud y no pudieron ser financiados.
Cabe destacar que el Servicio de Neonatología del Hospital General Provincial Isidro Ayora ha cumplido una serie de funciones relevantes en el desarrollo de las actividades médicas en la ciudad de Loja, puesto que ha sido la unidad de concentración de la patología neonatal, recibiendo por igual a neonatos de los Hospitales Manuel Y. la ciudad, de todos los hospitales cantonales y centros y subcentros de salud de la provincia. Además de la ayuda prestada a las provincias de El Oro y Zamora Chinchipe.
A lo antes anotado se añade la enorme participación en la formación de todas las promociones de médicos, enfermeras profesionales, auxiliares de enfermería y otros miembros del equipo de salud, puesto que es obligatoria la rotación por el Servicio de Neonatología de todos los estudiantes del Área de la Salud Humana de la Universidad Nacional de Loja.
Un impulso formidable recibe el Servicio de Neonatología con la presencia de la doctora Beatriz Vire Riascos, quien, luego de culminar sus estudios de postgrado en la Universidad Central del Ecuador, se integra a las actividades del servicio en el año 1985. Permanece tres años devengando la beca concedida por el Ministerio de Salud y dos años como tratante contratada. En un acto de justicia se debe mencionar su capacidad, su humanismo, su dedicación sin horarios a la atención de los neonatos, precisando, además, que siguió ofreciendo su apoyo incondicional al Servicio de Neonatología aun luego de que fue a laborar en el Hospital Ygnacio Monteros del IESS. Entre las actividades del Servicio de Neonatología que deben ser puntualizadas por ser sobresalientes, están las
siguientes:
• Uso de la fototerapia y realización de exanguinotransfusiones en el manejo de ictericia patológica puesto que, como se mencionó anteriormente, los primeros equipos de fototerapia se construyeron y se – fusiones realizadas, casi todas fuera del horario de asistencia normal de los médicos tratantes. • Uso de los corticoides antenatales, cuyos fundamenprovincia, venciendo la tradicional resistencia a su uso, vigente en aquellos tiempos. • El taller de reanimación neonatal fue una actividad permanente del Servicio de Neonatología, tanto para el personal médico como de enfermería, así como también para estudiantes de pregrado y postgrado. En coordinación con el Departamento de Pediatría y el Postgrado de Pediatría del Área de la Salud Humana de la Universidad Nacional de Loja, se realizaron talleres de reanimación neonatal en todos los servicios del Hospital Isidro Ayora y en cada una de las instituciones de salud de la ciudad de Loja; de igual forma en todos los hospitales cantonales. La ventilación mecánica, cuyo inicio fue con un Equipo Gregory y el uso del CPAP nasal, se continuó con el uso de ventiladores Newport, siendo la doctora María Sol Rubio Altuna, en el año 2000, quien, durante más de dos años, en calidad de Tratante contratada, fortaleció esa actividad tan importante en el manejo de neonatos con El desenvolvimiento de la neonatología en Loja, durante las dos décadas iniciales de este siglo, es historia reciente.

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